Mucho antes de lo que te imaginas, las empresas sabrán mucho más sobre tus intereses, tus gustos, tus hábitos de consumo y tu inclinación política. Si últimamente te has topado mucho con las siglas IoB (Internet of Behavior), es totalmente normal: se trata de un concepto cada vez más usado en el mundo que entrecruza negocios y tecnología.

El Internet del comportamiento no podría existir sin las tecnologías que emplean procedimientos como el reconocimiento facial, el rastreo de ubicación y Big Data. Estas tecnologías asocian datos de consumo y de hábitos a eventos de comportamiento. Esta concepción de la red surge a medida que la tecnología se volvió capaz de captar y utilizar la información generada por las personas en su vida cotidiana. 

A diferencia del llamado Internet de las cosas (IoT) o del Internet del todo (IoE), que intentan capturar información en tiempo real, el IoB abre una nueva oportunidad de conocer hábitos o comportamientos de los usuarios. Esto hace posible que las empresas tengan un conocimiento exhaustivo de los públicos y así pueden, por ejemplo, personalizar al máximo los contenidos publicitarios. Un ejemplo, en un ámbito como el de la bioseguridad, es el monitoreo para el cumplimiento de los protocolos de salud durante la pandemia de COVID-19. De hecho, las organizaciones aprovechan el IoB, a través de la vigilancia por computadora, para confirmar si los empleados están usando mascarillas. Asimismo, se pueden utilizar imágenes térmicas para identificar a las personas con fiebre. 

Paralelamente, mediante IoB se puede recopilar, combinar y procesar datos de muchas fuentes como, por ejemplo, datos comerciales de clientes, datos de ciudadanos procesados ​​por agencias gubernamentales, redes sociales, reconocimiento facial y seguimiento de ubicación. Un solo dispositivo, un teléfono inteligente por ejemplo, es capaz de rastrear movimientos en línea y la ubicación geográfica. No es difícil para las empresas vincular tu teléfono celular con tu ordenador portátil, tu asistente de voz doméstico, o las cámaras de tu casa o automóvil, así como incluso acceder a los registros de tu teléfono celular. Efectivamente, estos dispositivos proporcionan información valiosa sobre el comportamiento, los intereses y las preferencias de los usuarios. Así, está muy claro que cuando se habla de datos y de comportamiento, se está hablando en realidad de oportunidades y diseño de ventajas competitivas.

Si bien la idea de analizar los datos de los consumidores no es nueva, ahora existe todo un ecosistema automatizado de procesos analíticos que rastrean, recopilan e intentan interpretar la ingente cantidad de datos que se generan por medio de las actividades en línea. IoB, por lo tanto, es una poderosísima herramienta de marketing y ventas. Por ejemplo, las empresas podrán analizar el desempeño pasado de los distintos públicos y así predecir sus comportamientos futuros. Los datos recopilados a través de Internet de Comportamiento proporcionarán la base para que las empresas planifiquen sus estrategias a futuro.

En el ámbito tecnológico, la ciencia del comportamiento se puede dividir en cuatro áreas: emociones, decisiones, aumentos y compañía. Si con el IoT o el IoE se trata de capturar y transmitir datos en tiempo real, con el IoB se suma, además, la posibilidad de identificar comportamientos para que con toda esa información se pueda personalizar al máximo el servicio o el producto que se ofrece o incluso influir en la conducta del consumidor. Son ya comunes los seguros basados en el uso o UBI (del inglés usage-based insurance). Se trata de seguros cuya prima se calcula considerando, por ejemplo, para el caso de un seguro de vehículo, el número de kilómetros que alguien recorre al día o inclusive su forma de conducción. 

Como vemos, el IoB cuenta con un inmenso potencial para organizaciones de todo tipo y ofrece muchas ventajas para los individuos. Sin embargo, también supone una serie de riesgos de privacidad, manipulación y creación de burbujas informativas. Pronto el IoB prevalecerá. Se estima que para 2023 las actividades individuales del 40% de la población mundial serán rastreadas digitalmente para así influir en su comportamiento: ¡eso es más de 3 mil millones de personas! El IoB implica un cambio en la concepción de lo que significa ser un humano y un usuario en el mundo interconectado: hemos pasado de la simple adopción de la tecnología a considerar sus ramificaciones. En este contexto, resulta muy importante tomar en cuenta que el poder de la tecnología debe ser modulado por la ética y la regulación para poder desarrollar su potencial en términos favorables para la sociedad. Así, si bien es muy cierto que el IoB influye en la elección del consumidor, también puede rediseñar la cadena de valor. Si bien la mayoría de los consumidores indica su descontento en regalar sus datos de manera gratuita, muchos están de acuerdo con hacerlo siempre y cuando esto les brinde un valor agregado. Esta posibilidad brinda a las empresas con las que habitualmente no nos encanta interactuar, como los proveedores de seguros o la banca, la oportunidad de transformar y modernizar su imagen.

¿Qué es el Internet del Comportamiento?

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